Legado antimperialista de Chávez (Parte III y IV)
Este texto resume en seis entregas las acciones y objetivos de Estados Unidos contra la Revolución Bolivariana hasta marzo de 2013, y el legado antimperialista de Hugo Chávez. Intenta responder una pregunta matriz: ¿Qué lecciones aportan las ideas y actuaciones del líder bolivariano y el pueblo venezolano en esa disputa histórica, crucial para nuestra América?
Ofensiva de la Revolución. Las Misiones Sociales (2003)
La embestida del golpe petrolero no logra su objetivo de remover a Chávez y derrotar a la revolución, pero sí genera sensibles perturbaciones económicas y sociales. Las pérdidas por el sabotaje y la parálisis petrolera alcanzan más de $ 19.000 millones de dólares. La economía se contrae 8,9 % en 2002 y sigue en rojo durante 2003. Los pudientes resultan castigados en sus arcas por la acometida que creían infalible, pero los mayores daños recaen sobre la gente pobre.
El imperio y sus acólitos promueven una nueva coartada: adjudicarle a Chávez el saldo del desastre y, a través de encuestas inducidas, reiterar una y otra vez que la mayoría del pueblo exige que se vaya ya.Basándose en el drama económico y social que han creado, pretenden suscitar desesperanza para triunfar en las urnas. Polarizan más la sociedad y refuerzan su amplia base de apoyo en los sectores medios y ricos, inyectándoles rencor, prejuicios ideológicos y hasta racistas.
Junto a la victoria en abril de 2002, la prueba de la solidez del proceso bolivariano es el desenlace del golpe petrolero. Un plan de tal envergadura se ha podido derrotar, porque en Venezuela existe una revolución y un auténtico líder. El gobierno del norte, sin embargo, aprecia que ha creado una situación ventajosa para usar la vía electoral. Han logrado retrotraer la economía y la calidad de vida de la población humilde a los niveles de 1998 y suponen que Chávez no podrá sacarla de la crisis antes del referendo para revocarlo. Él comprende que debe revertir con celeridad los efectos del brutal paro golpista, en torno a los cuales ya merodean las aves de rapiña. El tiempo, esa categoría primordial de la política, vuelve a imponer su ritmo y Chávez se despliega, pues siente muy cerca el aliento de la fiera.
La contrarrevolución interna y el gobierno de Bush recomponen sus instrumentos electorales y de subversión, y se preparan para la revancha. Mantienen en pie su aparato productivo, financiero y comercial, al igual que los poderosos cañones mediáticos para desinformar y sumar adeptos. La Coordinadora Democrática sigue activa y Estados Unidos crea, financia y asesora la fundación electoral Súmate, bajo el liderazgo de la joven acaudalada María Corina Machado; también aumenta su respaldo monetario a varios partidos opositores y ONGs. Chávez denuncia esa nueva modalidad de intervención imperial, aunque no puede impedir que crezca cada vez más, en lo que también influye cierta subestimación.
¿Cómo encarar la nueva amenaza electoral y las acciones violentas por venir, en un escenario económico y social tan aciago? Chávez tiene conciencia de que los desafíos son enormes y el lapso para cambiar la adversa situación es muy breve. En julio de 2003 una encuestadora confiable, de nacionalidad brasileña, le informa la peligrosa realidad: si el referendo se hiciera ese mes, ¡perdería con un margen superior a 10 puntos!
Sin embargo, nadie lo aprecia cansado o desanimado. Sabe que no obstante los estragos provocados por los dos golpes en 2002, la revolución ha fortalecido su base de sustentación principal, el pueblo bolivariano y las fuerzas armadas. Además, Pdvsa es ahora un poderoso vehículo para motorizar la economía y financiar programas de impacto social. El precio del petróleo, por añadidura, va hacia arriba luego de promediar $22 por barril en 2002.
Presume que Estados Unidos va a continuar sus planes violentos para generar ingobernabilidad y sacarlo del poder vía referendo. Y vislumbra en tal amenaza otra oportunidad excepcional, para ahondar y fortalecer la revolución.
Existe una paradoja que le preocupa: el pueblo bolivariano ha defendido con el alma a su líder y al gobierno, mas, la revolución apenas ha entrado a sus casas. En el corto plazo no es posible dar un salto en la economía, primero por lastres estructurales y, segundo, debido al impacto recesivo que ocasionan las acciones de la contrarrevolución. Lo único sensato en el decurso de 2003 –y así actúa Chávez– es recuperar la producción petrolera y elevar los ingresos impositivos, que permitan restablecer el flujo de recursos financieros para estabilizar la economía y acometer la ofensiva social.
En este riesgoso escenario en disputa, surgen las Misiones Sociales. Entre las más abarcadoras y eficaces: Barrio Adentro (salud integral), Robinson I y II (alfabetización y obtención de sexto grado), Ribas (estudios de bachillerato), Sucre (carreras universitarias), Milagro (para recuperar la visión), Mercal y Pdval (Alimentos) Cultura, Barrio Adentro Deportivo, José Gregorio (discapacitados)… Ellas provocan un cambio sustantivo de la situación social y apenas un año más tarde, a mediados de 2004, constituyen el sostén principal de la Revolución Bolivariana. Rapidez, originalidad, participación popular, respaldo militar, eficiencia en la dirección y la solidaridad de Cuba, son los atributos que las distinguen. Sus beneficios no tienen precedentes en otro país en un lapso tan corto, a escala mundial. Algo primordial las mueve: el ímpetu y los genios concertados de Chávez y Fidel. Como nunca antes en la historia de nuestra América, dos grandes líderes deciden fusionar su creatividad, experiencias y poderes para inventar e implementar un proyecto binacional de valor estratégico, en este caso para el futuro de ambas revoluciones y de la Patria Grande.
En paralelo, las medidas económicas que Chávez emprende durante 2003 permiten detener la crisis coyuntural y retomar el Plan de Desarrollo Económico y Social 2001–2007. Iniciándose una dinámica virtuosa que crea las bases para iniciar un nuevo ciclo de expansión económica. Entretanto, ¿cómo actúan el imperio y sus aliados?
Nuevo plan para defenestrar a Chávez (2003)
Una ola de desconcierto y reproches internos, inunda a la oposición durante los primeros meses de 2003. Estados Unidos, preocupado por los avances de Chávez y de sus fecundos nexos con Cuba, busca mantener acoplados a sus adláteres. Expresión de ello es el Plan Consenso País, que publica el 13 de mayo de 2003 la Coordinadora Democrática (CD). Pretende ser la “base programática del gobierno constitucional y de unidad para la reconciliación y la reconstrucción nacional, (…) en el período que seguirá a la revocatoria del mandato presidencial”.
Apuestan a la inevitable derrota del Presidente en ese referendo inédito, dada la honda crisis generada por ellos mismos y sus impactos en la población. Estados Unidos juega en dos frentes. Apoya a los partidos y fuerzas a cargo del referendo contra Chávez, por un lado, y por el otro aúpa al sector violento de la contrarrevolución.
Luego de ser anulado un primer intento de recogida de firmas para activar el referendo, sin respaldo legal, por fin en noviembre la oposición logra obtener más del 20 % necesario. Pero al ser revisadas, el CNE detecta miles de rúbricas falseadas y decide revisarlas todas. A la espera del dictamen, durante enero y febrero de 2004 la CD proclama que de no aprobarse el evento incendiaría el país. Los voceros oficiales de Estados Unidos presionan, e incluso el presidente Bush y sus medios de desinformación amplifican el show.
Ofensiva estratégica de Chávez ante nueva embestida de Washington. La hora del antiimperialismo (enero-mayo, 2004)
En armonía con Estados Unidos, la oposición avanza hacia un escenario de violencia, que incluye deslegitimar a Chávez y al CNE. Televisión, radio, diarios y revistas privados se colman con declaraciones y comentarios de los mismos actores de los golpes de abril y diciembre de 2002. Algunos, alientan un posible asesinato del Presidente.
Bush declara a los periodistas en la Cumbre de las Américas en Monterrey, el 12 de enero de 2004, que su gobierno velará por “la integridad” del referendo revocatorio en Venezuela. El imperio supone que sus aliados esta vez sí vencerán a Chávez. Solo le preocupa que él evada medirse en las urnas y por eso extrema sus dispositivos de presión e incrementa la ayuda financiera a los adeptos, sobre todo para la propaganda y la movilización electoral.
Chávez no descarta que sus oponentes puedan conseguir las firmas (20 % del padrón electoral), mas está seguro que ganará en las urnas. Por eso en casi todas sus actividades públicas prioriza el tema del referendo, para esclarecer y motivar al pueblo. Alerta que está en marcha un nuevo plan desestabilizador y golpista, auspiciado por Estados Unidos, y convierte la pugna con los enemigos en motivo para elevar la conciencia y la cohesión de las huestes bolivarianas. No deja escapar un detalle. Reitera una idea clave:
“El Hugo Chávez de 2002 quedó para la historia, así lo repito hoy y me lo repito a mí mismo todos los días, quedó para la historia en el sentido de la permisividad y la máxima tolerancia y la máxima buena fe (…)”.
Comienza su prédica antimperialista el 10 de enero de 2004, al inaugurar la Misión alimentaria Mercal:
“Yo quiero una vez más responderle al gobierno de Estados Unidos, que Venezuela es un país libre, soberano e independiente. Nosotros no nos quedaremos callados, porque no somos cobardes, porque aquí hay coraje, porque aquí hay dignidad”.
Y menciona las declaraciones hechas por la consejera de Seguridad Nacional Condolezza Rice, quien ha afirmado que Chávez no debe oponerse al referendo: “En primer lugar, ¿qué diablos tiene que ver usted con el referendo en Venezuela?”, espeta molesto. Agrega: “Ha dicho también (…) que ella está preocupada por nuestra amistad con Fidel Castro. Vaya usted a saber si es que a nosotros nos van a decir quiénes son o no son nuestros amigos”.
Sobre la afirmación de que su conducta ante el referendo permitirá calificarlo o no como demócrata, es tajante:
“No les corresponde a los Estados Unidos meter su nariz aquí en Venezuela, que se ocupen de sus problemas que son bastantes. (…) ¡Que se metan en sus problemas! Y nos dejen a nosotros reconstruir nuestra historia, reconstruir nuestro pueblo, reconstruir nuestra Patria, con dignidad, con libertad, con soberanía, con independencia”.
En esos días dedica tiempo a la lectura de algunos libros de historia, que subraya y anota. Retoma el tema en su discurso en el hipódromo de Caracas, el 17 de febrero. El día antes, ha visitado Venezuela de modo inesperado el subsecretario de Estado estadounidense, y emite opiniones injerencistas sobre el referendo. La respuesta de Chávez es vertical, de obvia intención estratégica.
Primero reabre la herida del fracasado golpe fascista y afirma que existen pruebas sobre el protagonismo del gobierno estadounidense. Y afirma en tono duro que el gobierno de Bush debe responder “por la sangre que corrió en Venezuela los días 11, 12 y 13 de abril del año 2002”. Nunca antes ha emplazado de modo tan áspero a Estados Unidos. Sus palabras definen sin evasivas la disyuntiva histórica. Además de petróleo y riqueza, dice, en Venezuela hay dignidad:
“(…) óiganlo bien, venezolanas y venezolanos, nosotros estamos dispuestos aquí a defender nuestra independencia, de esta tierra, de este cielo, de esta agua y de este pueblo, a costa de lo que sea, aún de nuestra propia vida”.
Alude un hecho reciente, la agresión de Estados Unidos a Iraq: “(…) todos los días hay niños y mujeres y hombres muertos en Iraq”, clama. Y explica que engañaron al mundo y al propio pueblo estadounidense, al afirmar que había armas químicas de destrucción masiva y usar tal pretexto para la agresión. Deduce:
“Igual están tramando un engaño en torno a Venezuela, diciendo que en Venezuela hay guerrillas extranjeras y que nosotros apoyamos el terrorismo”. Y pone un toque de humor: “lo que falta (…) es que digan en Washington que aquí está escondido Bin Laden, en el Hipódromo La Rinconada”.
Menciona después las declaraciones de Bush en la Cumbre de las Américas en Monterrey: “¿Qué tiene que ver el señor Bush con el referendo revocatorio en Venezuela? Absolutamente nada”. Y golpea fuerte: “Debería preocuparse por los pobres en los Estados Unidos, que son bastantes y están creciendo. (…) Que se preocupe por gobernar su país”.
El 24 de febrero de 2004, el CNE comunica su primera decisión sobre las firmas entregadas para convocar el referendo contra el Presidente. Pone bajo observación a más de 148.190 planillas. De tal modo, se posterga la convocatoria del referendo, hasta que sean confirmadas las firmas. La Coordinadora Democrática declara que el CNE pretende sabotear e impedir el acto comicial, “se ha producido un golpe de Estado contra la Constitución y contra la soberanía popular”. Llama a iniciar acciones “de resistencia pacífica, frente a las órdenes de las autoridades de un gobierno que ha perdido lo que le quedaba de legitimidad”.
En pocas horas la “resistencia pacífica” es visible: las “guarimbas” inundan las calles y autopistas de los barrios de clase media y alta. Pequeños grupos de vecinos, muchas veces auxiliados por personas entrenadas, erigen barricadas que mantienen encendidas con neumáticos, bolsas de basura y otros artefactos, y emplean violencia física y verbal para impedir el paso. Nueve muertos y más de 100 heridos, es el trágico saldo de esta descabellada operación. “Guarimba” significa territorio en un dialecto indígena venezolano y está basada en un método diabólico divulgado en Internet por Robert Alonso, un gringo de origen cubano residente en Miami y Caracas, vinculado a la CIA.
Frente a la nueva situación de caos que promueven el imperio y sus cómplices, Chávez decide dar un paso largo: denunciar al principal responsable de los males de Venezuela y del plan en curso. El 27 de febrero de 2004 –dos días después de iniciarse las guarimbas–, en la autopista Francisco Fajardo, cerca de tales desmanes en apogeo, medio millón de personas por primera vez escuchan en su regio verbo la definición del signo antiimperialista de la Revolución Bolivariana. Es un paso histórico medular que ha cavilado muy bien. ¿Por qué lo hace en esta coyuntura?
Durante los primeros cinco años de revolución, incluso luego de los sucesos del 11 de abril de 2002 y del llamado golpe petrolero, casi siempre aborda con cierto tacto los temas conflictivos asociados al gobierno de Estados Unidos, aunque sin hacer concesiones. Sabe, porque conoce a fondo el fenómeno del imperialismo, que será inevitable la pugna frontal. Siente que ha llegado la hora de encarar el fenómeno imperialista en profundidad. Y decide hablarle claro al pueblo sobre el papel de este en la historia nuestra americana, desde los tiempos de Bolívar.
En el mitin multitudinario del 27 de febrero, ofrece una especie de clase magistral sobre el imperialismo. Comienza:
“El principal objetivo de esta monumental concentración, es decirle “no” al intervencionismo yanqui en Venezuela”.
La multitud lo secunda con ganas: “¡Noooo!”, gritan en coro, y así discurre su encendido verbo en interacción continua con el público:
“Señor Bush, usted y su camarilla, que han estado apoyando aquí a los golpistas, que han estado apoyando aquí la desestabilización política; que han estado apoyando aquí la desestabilización económica; que han estado violando nuestra soberanía, que han estado haciendo todos los esfuerzos para derrocar al Gobierno legítimo de Venezuela, ha tenido usted una respuesta en el pasado reciente, aquí la tiene hoy señor Bush. Y si quiere que le sigamos dando respuesta el pueblo de Simón Bolívar está listo para seguirle dando respuesta”.
Está cargado de fuego: tiene ganas de decir verdades que hace años atesora. Trae consigo un libro, que lo ha acompañado en los cuarteles y en la cárcel y ahora guarda en Miraflores, escrito por el cubano Francisco Pividal: Bolívar pensamiento precursor del antiimperialismo. Afirma:
“Ciertamente, Simón Bolívar fue el primer hombre en todo este continente que vislumbró y alertó acerca de la amenaza que el imperio norteamericano ya representaba para el futuro de nuestros pueblos”.
Luego de recomendar el texto de Pividal al pueblo venezolano y a todos los de nuestra América, también al de Estados Unidos, lee y comenta algunas de las frases del Libertador que revelan las ideas de este respecto del imperio naciente. Por ejemplo, dice,
“en 1820 le escribe a José Tomás Revenga, entonces su secretario general y más tarde ministro de relaciones exteriores de la Gran Colombia: ‘Jamás conducta ha sido más infame que la de los norteamericanos con nosotros, ya ven decidida la suerte de las cosas, y con protestas y ofertas, quién sabe si falsas, nos quieren lisonjear para intimar a los españoles y hacerles entrar en sus intereses’”.
También alude a una carta que Bolívar le escribe a Francisco de Paula Santander desde Potosí, el 21 de octubre de 1825, quien después lo traiciona:
“Nunca me he atrevido a decir a usted lo que pensaba de sus mensajes, que yo conozco muy bien que son perfectos, pero que no me gustan, porque se parecen a los del Presidente de los regatones americanos. Aborrezco a ese canalla, de tal modo, que no quisiera que se dijera que un colombiano hacía nada como ellos”.
Para finalizar con las citas, evoca el conocido fragmento de la carta a Patricio Cambell, desde Guayaquil, el 5 de agosto de 1829 –apenas un año y cuatro meses antes de morir Bolívar–, y subraya que el Libertador “a lo largo de diez años lo que hace es ver más claro cada día, y muere con esa claridad, y con ese horror de ver el imperio que nos amenazaba”. Lee despacio:
“Los Estados Unidos de Norteamérica parecen destinados por la providencia, para plagar la América de miserias a nombre de la libertad”.
Dicho esto, expresa que la profecía de Bolívar se ha cumplido “y buena parte de las tragedias de la América Latina y del Caribe están allá, en los secretos y los misterios de la Casa Blanca”.
De inmediato expande su análisis a toda la región y por vez primera emplea de manera pública el concepto de imperialismo. Lo desnuda:
“(…) desde allá se han planificado asesinatos, genocidios, golpes de Estado, terrorismo, invasiones y muerte contra nuestros pueblos; desde allá se ha instaurado en América el imperio, y todos los gobiernos que de una u otra manera se oponen al imperialismo comienzan a ser atacados, comienzan a ser satanizados, comienzan a ser atropellados, utilizando para ello todos los medios con que cuentan, los medios económicos, los medios de comunicación de masas, los medios diplomáticos, las instituciones internacionales, que lamentablemente ceden al chantaje la mayor parte de las veces. Han llegado a utilizar incluso a algunos países hermanos contra otros, atizando el odio de unos contra otros”.
El gobierno bolivariano ha captado una comunicación radial, donde se dice que continuaría la violencia y que ya Venezuela es un país ingobernable, sugiriéndose que la OEA debe ir preparando una reunión para aplicarle la Carta Democrática y que los marines de Estados Unidos deben estar listos para intervenir. Al decir esto, su cuerpo íntegro vibra, y de su garganta brota un centelleo que enardece a la multitud:
“Bueno, bastante montaña hay aquí. Yo les voy a decir algo, bastante sabana hay aquí, bastantes islas hay aquí, bastante selva hay aquí, bastante tierra hay aquí. Y saben una cosa, bastante pueblo hay aquí. Y saben otra cosa, bastantes cojones hay aquí para defender esta tierra, para defender esta Patria, de cualquier intruso que pretenda venir a humillar la dignidad de esta tierra sagrada, de la Venezuela de todos nosotros… ¡Carajo!”.
Adelanta que se ha reunido con dirigentes obreros del petróleo
“y debe saber el Señor Bush que, si se le ocurre la locura de tratar de bloquear a Venezuela, o peor aún para ellos de invadir a Venezuela (…) pues algo que me decían los trabajadores petroleros, si eso llegara a ocurrir sepa el pueblo de los Estados Unidos que lamentablemente ni una gota de petróleo les llegará desde Venezuela”.
Y como el gobierno de Bush ha amenazado que si ello ocurriera embargarían la empresa venezolana Citgo, él no se queda corto: “Lo que es igual no es trampa”, expresa en jerga popular. Y agrega: “Si es que se les ocurre, ellos aquí tienen bastantes instalaciones, (…)”.
Estas reflexiones de Chávez sobre el imperialismo y sus denuncias a la intromisión de Estados Unidos en los asuntos internos de Venezuela, junto a las resueltas posturas que adopta frente al agresor foráneo, lo afianzan entre los dirigentes antiimperialistas más corajudos y lúcidos del mundo, al despegar el siglo XXI. Más aún, porque a 12 años de desaparecer la Unión Soviética y campear sin contrapeso Estados Unidos en el planeta, la palabra “imperialismo” casi ha desaparecido del léxico de la izquierda y también las posiciones firmes contra él.
Los cañonazos que dispara a la coraza imperial, provocan pronto reacciones más feroces de Estados Unidos y, en la otra orilla, servirán para ahondar la Revolución Bolivariana y avivar el antiimperialismo en nuestra América.
Tentativa de magnicidio. Chávez amplía su análisis sobre el imperialismo (mayo, 2004)
El 9 de mayo, ofrece una espectacular noticia en su programa Aló Presidente: Han sido sorprendidos infraganti varios paramilitares y mercenarios colombianos en una hacienda en el este de la Gran Caracas, propiedad de Robert Alonso, promotor visible de las “guarimbas”. En los días siguientes son capturados más de 100; han sido reclutados en el país vecino y se entrenaban para realizar actos de violencia. El principal objetivo: asesinar al Presidente.
Por primera vez desde que él asumiera, convoca al Consejo de Defensa Nacional y califica de muy grave este plan. Afirma que está concebido y ejecutado por el sector más reaccionario de la oposición, en complicidad con factores de poder en Bogotá y Miami. Refiere declaraciones de varios voceros del gobierno de Estados Unidos, en el último mes, cuyo contenido apuntan a justificar acciones violentas para justificar una intervención militar:
“Recordemos las declaraciones de un general imperialista, jefe del Comando Sur del Ejército de los Estados Unidos, diciendo nada más y nada menos que el Presidente Hugo Chávez es una amenaza para la región y que como tal será tratado”.
Y agrega: “No tengo pruebas en este instante, pero estoy completamente seguro que cuando ese general imperialista da esas declaraciones, sabe y conoce el plan que se estaba preparando contra Venezuela, no puede haber sido una casualidad”.
El domingo 16 de mayo se realiza una concentración popular en la avenida Bolívar, en la que Chávez pone en contexto y en perspectiva este siniestro plan. Realiza un ejercicio analítico centrado en el tema del imperialismo, que va más allá de la coyuntura y encierra un valor ecuménico. Es impresionante la coherencia de sus ideas. La fibra patriótica, el ánimo unitario y el rechazo al imperio que irradia su pueblo elevan aún más su lucidez.
Este hecho, dice, es parte de un tablero de ajedrez que abarca al mundo entero: “Habría que hablar por ejemplo del imperialismo, (…) creo que es imprescindible que los venezolanos hoy abordemos de nuevo el tema del imperialismo”. Y explica con sinceridad las razones:
“porque esa palabra incluso vino siendo retirada del léxico, vino siendo retirada y borrada de los discursos, de los debates, de las asambleas populares, de los análisis políticos nacionales o internacionales, incluso desde las mismas filas de la izquierda latinoamericana, venezolana incluida”.
Señala sin rodeos que hubo en los últimos años y todavía existe a veces, “como un temor para abordarlo”. Agarra el toro por los cuernos:
“Creo que llegó la hora de (…) abordar de nuevo el tema, el concepto y la praxis del imperialismo, sobre todo después de la caída del Muro de Berlín, sobre todo después de la caída de la Unión Soviética”.
Cuando ocurren tales sucesos, “el imperio de occidente se siente dueño del mundo (…) y es cuando toma más fuerza la tesis neoliberal, y desde las filas del pensamiento revolucionario incluso comienzan algunos a asumir la tesis de una especie de imperio virtual”. Aparecen algunas pautas, según las cuales el clásico imperialismo intervencionista que invadió territorios, derrocó gobiernos y generó guerras mundiales, se habría convertido en un imperio menos malo,
“que supuestamente ya no necesitaba invasiones territoriales, sino solo la penetración de los mercados a través del neoliberalismo, (…) que ya no se fundamentaba en la punta de los cañones y en las ojivas de las bombas, o en la punta de las bayonetas imperialistas, sino que ahora venía de manera muy suave por Internet o por las bolsas de valores o por la deuda externa y el Fondo Monetario Internacional (…)”.
Un supuesto imperialismo menos malo, dice,
“que ya tenía asegurado, por la penetración meramente económica a través de las compañías trasnacionales, los recursos estratégicos para alimentar sus grandes maquinarias y su desarrollo científico–técnico, industrial–militar, recursos en los cuales destaca siempre y destacará siempre el petróleo”.
El “viejo y maloliente imperialismo” se enmascaró y maquilló, “no se le veían las garras, no se le veían los colmillos, no se le veía el sombrero de copa larga”.
Y cuando ese vetusto imperialismo percibe que su intento para imponer al mundo el modelo neoliberal ha fracasado, sin ningún tipo de vergüenza, como nunca tuvo en siglos de existencia,
“termina de quitarse la máscara y sencillamente nos enseña de nuevo sus colmillos sangrientos y sus garras sanguinarias”.
El 11 de septiembre de 2001, dice Chávez, marca el giro del imperio, cuando utiliza como excusa “aquellos terribles hechos, para terminar de quitarse la máscara y arremeter contra las Naciones Unidas, irrespetando el Consejo de Seguridad, irrespetando el Derecho Internacional, para invadir pueblos como el de Afganistán y luego invadir el pueblo de Iraq”.
Y formula esta idea luminosa:
“Tenemos al frente de nuevo al viejo imperialismo asesino, masacrador de pueblos, que ahora ha dejado a un lado las recomendaciones de los tecnócratas y las propuestas de libre comercio y de respeto a los dictados de las Naciones Unidas y de respeto al derecho internacional y sencillamente se nos presenta de nuevo al frente tal como es: asesino, invasor. Y allí está de nuevo el imperialismo atropellando pueblos, allí está de nuevo el imperialismo echando por el suelo los preceptos de las Naciones Unidas, sin vergüenza de ningún tipo.
Allí está de nuevo el imperialismo imponiendo un derecho casi divino, que se atribuyeron de regir los destinos de los pueblos del mundo. Allí está de nuevo el viejo y clásico imperialismo invadiendo pueblos, derrocando Gobiernos y atropellando la dignidad de millones de seres humanos en este planeta”.
Evoca entonces que apenas siete meses después del 11 de septiembre ocurre el golpe de Estado en Venezuela, gracias al apoyo de Estados Unidos. Y luego suceden los demás actos de intervención, “uno tras otro, atropello y atropello contra nuestro pueblo, contra nuestra soberanía, contra nuestro Gobierno, contra nuestra revolución”.
Y termina con su idea matriz. Dice: Todos estos intentos de derrocar al gobierno bolivariano, entran en el marco del tablero mundial,
“entran en esa línea de acción que el imperialismo ha tomado, sobre todo, en los últimos dos años. Y este hecho reciente, la infiltración de un número bastante grande de paramilitares, aquí mismo en el corazón de Caracas, forma parte de la misma componenda imperial internacional, no podemos desligar este hecho de ese marco mundial, de esa línea histórica en la cual estamos inscritos los venezolanos”.
Asegura que quienes concibieron el plan en Estados Unidos, Venezuela y Colombia, saben que esos paramilitares no podrían derrocar el gobierno. Y por eso deduce que el principal objetivo era asesinar al Presidente de Venezuela “y tenemos pruebas suficientes para afirmarlo”. El plan pretendía crear un escenario de convulsiones sociales, de irrefrenable violencia y
“sobre el caos de la sangre y de la muerte darle la bienvenida al viejo imperialismo que llegaría aquí, según sus planes, a dominar a Venezuela, a pacificar a Venezuela y además lo más importante asegurarse una de las reservas petroleras más grandes del planeta”.
En tal instante, colmado de emoción expresa la certeza de que si algún día lograran su eliminación física
“y pretendieran imponerle a Venezuela un gobierno importado de la bota imperialista norteamericana, yo estoy seguro que desde mi tumba oiría el tremolar de un pueblo, que una vez más va a defender la grandeza de esta tierra”.
Insiste en que es necesario comprender las razones que ha expuesto, sobre las causas de la nueva arremetida del imperialismo contra los pueblos del Tercer Mundo. Por eso, deduce que las conspiraciones contra Venezuela no se van a detener: “(…) eso es importante saberlo, las conspiraciones contra Venezuela no terminan con la captura de más de 100 paramilitares colombianos, (…) van a continuar y cada día van a tomar formas más dramáticas (…)”.
Y concluye con la idea primordial de su discurso: la Revolución Bolivariana, después de cinco años y tres meses,
“ha entrado en la etapa antiimperialista, esta es una revolución antiimperialista”.
La muchedumbre lo respalda con una larga ovación y floridas consignas. Enseguida él precisa que tal definición tiene un hondo significado y obliga a radicalizar la revolución. Por ejemplo, a eliminar el latifundio:
“(…) No podemos nosotros permitir que nos vaya absorbiendo un espíritu conservador, la media tinta, el guabineo; no, o somos o no somos”.
Además, la nueva etapa obliga a profundizar los proyectos sociales y económicos “(…) que es la mejor respuesta a quienes pretenden doblegar al gobierno y a la revolución”.
La guinda del pastel: Como parte de la fase que comienza, Chávez decide que la misión militar de Estados Unidos con asiento en Fuerte Tiuna salga del país, y sus instalaciones sean usadas por la Misión Social “Vuelvan Caras”, creada para generar empleos.
Parte IV
Rival en el referendo revocatorio es Bush. Victoria de Chávez. Distensión coyuntural con Estados Unidos. (2004)
Aunque con una cifra cerrada, el CNE dictamina el 3 de junio que existen las firmas suficientes y se han llenado los requisitos constitucionales para convocar al referendo revocatorio presidencial. Será el 15 de agosto de 2004. Chávez acepta el dictamen y esa noche expone al pueblo el contenido de la Campaña de Santa Inés, inspirada en la batalla histórica de Ezequiel Zamora en 1857. Su objetivo principal, dice el 15 de junio, será derrotar al gobierno imperialista en las urnas, pues los opositores son solo sus lacayos. Y tres días antes del referendo, ratifica:
“En consecuencia, el debate se centra en si Venezuela sigue siendo una Patria soberana con un proyecto de nación o si se vuelve a convertir en una colonia estadounidense”.
Su triunfo es proverbial: 60–40. En 1998 gana la presidencia con 56 % y 3 millones 600 mil votos. Esta vez frisa los 6 millones. Nadie en su sano juicio puede cuestionar el desenlace, salvo la enloquecida oposición, que alega fraude sin presentar pruebas. Al subsiguiente día Washington, a regañadientes, reconoce el triunfo de Chávez. Sería muy costoso negarlo. En la madrugada, él habla desde el balcón del pueblo, en Miraflores. Dice:
“Ojalá que esta victoria histórica y contundente del pueblo bolivariano, la lección de democracia que hemos dado, de ciudadanía, de civilidad y de amor por nuestro pueblo y por nuestras leyes, ojalá que esto permita de alguna manera que el gobierno de la nación más poderosa del planeta, recapacite en torno a Venezuela, y ojalá que a partir de eso respeten al pueblo de Venezuela”.
Se trata de un triunfo cardinal. La gente ha votado de modo inequívoco por seguir en el carril del proceso bolivariano, ahora con signo antiimperialista explícito, y él enfatiza un concepto: “Comienza hoy una nueva etapa de la Revolución Bolivariana”, dice. En las últimas horas ha estado pensando una idea:
“Con esta contundente demostración de conciencia popular nosotros podemos decir (…) que Venezuela, grábense esta frase, Venezuela cambió para siempre, esto no tiene vuelta atrás”.
“Venezuela cambió para siempre”: este aserto definitorio se convierte en lema recurrente del pueblo bolivariano y en reto urticante para Estados Unidos y los demás antagonistas, que respiran hondo y luego de una breve pausa retoman sus andanzas.
El Departamento de Estado, a través de su vocero Tom Cassey, expresa el 16 de agosto una postura respetuosa: “Lo importante en este proceso es que ayuda a alcanzar una solución pacífica, democrática, constitucional a una continua crisis política en Venezuela. Ese mismo día, Chávez declara a la prensa que ha recibido con agrado tal declaración. Y apostilla:
“Ojalá que esto sea cierto, tenemos razones para dudar lo que diga el Departamento de Estado. El mundo tiene muchas razones para dudar de lo que diga el Departamento de Estado, pero ojalá que la contundencia y la realidad haga de verdad reaccionar y veamos un cambio, no solo en relación con Venezuela, no, no. Es en relación con el mundo”.
Expresa que está deseoso de mantener una relación de respeto y diálogo constructivo, como existió con el gobierno de Bill Clinton. Hace votos porque esta victoria del pueblo venezolano la utilicen en Estados Unidos “para iniciar una nueva etapa y mejorar las relaciones políticas, económicas con mi gobierno y la sociedad de los Estados Unidos”.
El 18 de agosto, la periodista estadounidense Sandra Jordan le pregunta si Bush le ha enviado felicitaciones y él responde enseguida: “No, ni las estoy esperando”. Y agrega: “Sólo hemos leído con mucha atención, y con mucho cuidado, palabra por palabra, las declaraciones del vocero de la Casa Blanca y un comunicado”. Son señales positivas a considerar, dice. Y enfatiza que al Estado y al pueblo venezolano les interesa discutir las diferencias con Washington y mantener nexos francos, “para mejorar las relaciones políticas, los contactos culturales, las relaciones económicas fundamentadas en el petróleo, en la energía, la ciencia, la tecnología”.
Sin embargo, el gobierno de Estados Unidos no se mueve en tal dirección y el ambiente coyuntural de distención no se traduce en un cambio esencial de su política, como se verá después.
Chávez intensifica su quehacer internacional, sobre todo en América Latina. Antes de terminar 2004 logra que Venezuela ingrese en el Mercosur, funda con los otros países del subcontinente la Comunidad de Estados de Suramérica, promueve la creación de Petrosur, emite el decreto para sacar al aire Telesur y el 15 de diciembre, en La Habana, firma con Fidel las bases para crear una nueva alianza de integración y unión: la Alternativa Bolivariana de los Pueblos de Nuestra América (ALBA). También comienza a forjarse un núcleo duro de gobiernos progresistas en el cono sur, con Ernesto Kirchner en Argentina y Lula en Brasil. Con ambos Chávez fomenta nexos especiales de colaboración y de concertación de posiciones. Además, proclama que el ALCA ha muerto.
En el ámbito nacional, los candidatos bolivarianos a las elecciones de gobernadores ganan 22 de las 23 gobernaciones y el 70% de las alcaldías. Continúan en apogeo las Misiones Sociales y los planes económicos, favorecidos por un precio promedio de 30 dólares el barril de petróleo. El PIB crece 17,9% y se recuperan los demás indicadores, como empleo, inflación y las reservas monetarias.
Todos los aires soplan a favor de la Revolución Bolivariana. En tanto, el gobierno de Bush toma oxígeno y reformula sus planes para derrotarla.
Washington incrementa presiones (2005)
La reacción constructiva de Chávez a la posición del gobierno estadounidense de reconocer el desenlace del referendo, cae en saco roto. Pronto, en enero de 2005, es visible que la política imperial no ha cambiado, ni tampoco su estilo prepotente. Son más frecuentes las agresiones verbales de sus voceros, aumenta el apoyo financiero a los adversarios del gobierno venezolano y no cesan de conspirar desde la embajada.
En enero, Condolezza Rice lanza la primera piedra: “Hugo Chávez es una fuerza negativa en la región”, expresa ante el senado de su país. En marzo, el director de la CIA, Porter Gross, declara: “Venezuela es uno de los países más inestables y peligrosos en América Latina”. Y por primera vez una institución yanqui, en este caso por medio del Secretario de Defensa Donald Rumsfeld, califica al vecino país de ser una “amenaza”. Expresa: “Venezuela está comenzando una carrera armamentista peligrosa, que amenaza la estabilidad regional”.
En mayo Bush recibe en la Casa Blanca a María Corina Machado, presidenta de Súmate, con la idea de convertirla en candidata presidencial anti–Chávez. Una decisión errática, pues además de ser repudiada por el pueblo chavista es una figura sin consenso en la oposición.
Por otra parte, el Subsecretario de Defensa Adjunto para el Hemisferio Occidental, Rogelio Pardo–Maurer afirma en julio de 2005: “Cuba y Venezuela están en una campaña de desestabilización en América Latina (…). No hay duda que el Presidente Chávez está financiando fuerzas radicales en Bolivia. También ese mes, Rumsfeld asegura: “Venezuela y Cuba están promoviendo el radicalismo en la región (…). Venezuela trata de subvertir los gobiernos democráticos en la región e impedir el ALCA”.
Comienzan además a relacionar a Venezuela con el terrorismo, a fin de involucrar al gobierno bolivariano en la lista negra de los países que apoyan tal flagelo. En agosto, un vocero del Departamento de Estado (Tom Casey) dice: “El territorio venezolano es un área segura para terroristas colombianos”, o sea, califican así a los guerrilleros de las FARC y del ELN y formulan esta acusación sin pruebas, como suelen hacer en todos los temas contra el gobierno bolivariano.
También en agosto, por primera vez de manera expresa vinculan a Venezuela con otra fuerza criminal: el narcotráfico. Lo dice John Walters, Director de la Oficina de Política Nacional de Control de Drogas: “El problema de trabajar con el Presidente Chávez es serio y continuo, como lo es en otras partes de la relación”. Y en noviembre completan el tenebroso expediente contra el gobierno bolivariano, acusándolo de violar el sistema democrático y los derechos humanos: “El asalto a las instituciones democráticas en Venezuela continúa, y el sistema se encuentra en grave peligro”, sostiene Thomas Shannon, Subsecretario de Estado.
Contraataque de Chávez. Definición socialista (2005)
Lejos de amilanarse por la escalada de presiones y amenazas del imperio, el barinés sigue adelante con sus políticas nacionales independientes, y de respeto absoluto a la Constitución. En el 2005 la economía crece en 9%, aumenta 20% el salario real, disminuye el desempleo a 11%, se consolidan y desarrollan las Misiones Sociales y el país vive un clima de estabilidad política y optimismo en la mayor parte de la población, gracias a los impactos positivos y rápidos, en el modo de vida de mucha gente.
A lo largo del año 2005, Chávez y el gobierno bolivariano reaccionan de manera enérgica a las agresiones políticas oficiales de los Estados Unidos y rechazan las distorsiones propaladas por los medios de comunicación afines. Venezuela suspende el programa de instrucción militar, vigente desde los años 1970 y expulsa a los agregados militares estadounidenses, señalados de violar la soberanía nacional y de cometer conspiración y espionaje. Hace lo propio con los agentes de la DEA y después con las misiones evangélicas que operan en áreas indígenas del sur del país, llamadas Nuevas Tribus, vinculadas a la CIA. Y para curarse en salud ante eventuales sanciones futuras, retira de los Estados Unidos 20.000 millones de dólares –dos terceras partes de sus reservas internacionales depositadas en el extranjero–, para colocarlas en una cuenta en Suiza nominada en euros.
El líder bolivariano anuncia también la adquisición de armamento a Brasil, España y Rusia. A este último Venezuela compra 15 helicópteros artillados y 100 mil fusiles de asalto AK–103, como nueva arma reglamentaria de la Fuerza Armada. Y negocia otros equipos, entre ellos tanques y lanzacohetes.
Tal contexto de tensiones generado por el gobierno de Bush, incentiva la creatividad de Chávez. Decide enfrentar al imperio con ideas y argumentos en varios escenarios nacionales e internacionales, y también mediante acciones solidarias –incluso hacia gente humilde de los Estados Unidos– y el empuje a la integración económica, la concertación política y la unión regional. Además, afianza los vínculos con los países de la OPEP, y acelera los nexos económicos con China, Irán y Rusia.
Su cruzada por el socialismo la inicia el 30 de enero de 2005, con un discurso histórico en el Foro Social Mundial, en Porto Alegre, Brasil, donde se define a favor de una opción socialista para superar el capitalismo:
“No tengo la menor duda. (…) El capitalismo no se va a trascender por dentro del mismo capitalismo. No. Al capitalismo hay que transcenderlo por la vía del socialismo. ¡Por esa vía es que hay que trascender el modelo capitalista, el verdadero socialismo, la igualdad, la justicia!”.
Y completa la idea:
“Además, también estoy convencido (…) que es posible trascender el capitalismo por la vía del socialismo y más allá, en democracia. ¡En democracia!”. Y aclara, con un toque de humor: “Pero ojo pela’o y oído al tambor. ¿Qué tipo de democracia? No es la democracia que míster Superman quiere imponernos desde Washington, no, esa no es la democracia”.
Por primera vez, Chávez define el curso socialista de la Revolución Bolivariana y a partir de ahí, en ulteriores momentos desarrolla con nuevos juicios y acciones concretas lo que va a llamar el socialismo del siglo XXI y también socialismo bolivariano. Otro duro golpe a la hegemonía ideológica del imperio. Cuando menos, coloca otra vez el tema del socialismo en el debate sobre las alternativas al capitalismo.
De tal modo, en menos de un año ha formulado dos atributos sustantivos de la Revolución Bolivariana: antiimperialista y socialista. El azote de los enemigos desde 2002 ha acelerado tales definiciones. A su vez, estas incrementan la ira de los Estados Unidos, que levanta con más fuerza su poderosa fusta.
En apenas seis años, el imperio es cuestionado de forma relevante al sur del río Bravo y gana peso una masa crítica que se le contrapone, de gobiernos y fuerzas sociales liderados por Fidel, Chávez, Lula y Kirchner y otros dirigentes que luego serían electos presidentes como Evo, Correa y Daniel Ortega.
Otra reflexión central del discurso mencionado, es sobre el carácter invencible o no del imperialismo. Enfatiza: “Eso es importante saberlo. ¿Saben por qué? Porque hay gente que de buena fe piensa que es invencible y que no se puede darle al imperialismo ni con el pétalo de una rosa”. Y concluye:
“Así que no es invencible Goliat (…). ¡Ah!, que eso lo hace más peligroso, sí, es verdad. Porque como el imperialismo comienza a sentir sus debilidades, entonces comienza a recurrir a la fuerza brutal (…)”.
ALCA, al carajo (noviembre, 2005)
Su segundo alegato medular de este año contra Estados Unidos lo formula el 4 de noviembre, en Mar del Plata, Argentina, al clausurar la tercera Cumbre de los Pueblos de América. Sale eufórico del cónclave de los presidentes, donde en presencia de Bush se le ha dado jaque mate al ALCA y llega a un estadio de futbol repleto de personas procedentes de todas partes de Argentina y de muchos países del continente. Está feliz, por compartir la última jornada de la pelea victoriosa.
La resistencia de los movimientos sociales y de las fuerzas políticas de izquierda, y el liderazgo precursor de Fidel, y luego de Kirchner y Lula, junto al suyo, han demostrado que el imperio es vencible. Se le ha hincado otro estilete en el lomo del imperialismo y el desprestigio de la política global y latinoamericana de Bush es inmenso.
Sin proponérselo, Chávez se ha convertido en el actor más conspicuo de la nueva oleada antiimperialista de la región. Por eso le han pedido que clausure este acto desbordado de emociones, donde cantan Silvio Rodríguez y Daniel Viglieti, se lee un comunicado de la cumbre popular, sobresalen las imágenes del Che y Fidel, y destacan la presencia de figuras populares como Maradona y Hebe de Bonafini.
Todos disfrutan la primera imagen lapidaria del discurso, dicha en su jocoso estilo:
“(…) Hoy cada uno de nosotros trajo una pala, una pala de enterrador, porque aquí en Mar del Plata está la tumba del ALCA”.
Y él inflama aún más la algarabía al sentenciar: “¡ALCA, ALCA, al carajo!”. Y para que no queden dudas pregunta: “¿Quién enterró al ALCA?”. Responde: “Los pueblos de América enterramos al ALCA, hoy, aquí en Mar del Plata”.
Alerta que el ALCA está muerto, “pero eso no quiere decir que el capitalismo esté muerto, insisto en esa idea, al próximo que vamos a enterrar es al capitalismo, ese es el próximo”. Para eso, dice, habrá que luchar mucho más duro, e invoca a Bolívar. Se requiere, enfatiza, “constancia y más constancia, paciencia y más paciencia, trabajo y más trabajo”. Y adiciona con especial énfasis: “¡Y unidad, unidad y más unidad!”.
Junto a enterrar al ALCA y el modelo económico capitalista e imperialista,
“a nosotros nos toca ser los parteros del nuevo tiempo, los parteros de la nueva historia, los parteros de la nueva integración, los parteros del ALBA, una verdadera integración liberadora, para la libertad, para la igualdad, para la justicia y para la paz”.
¿Cómo impactan en Washington estos acelerados procesos en el que considera su “traspatio”? Al finalizar el año 2005, las afirmaciones de Larry Benz, miembro del Consejo de Asuntos Hemisféricos de los Estados Unidos, resumen el balance de la disputa entre el gobierno de Bush y el líder bolivariano: “Tachado de payaso, patán y demagogo, carente de sofisticación política, Chávez está lidiando la administración de Bush con maestría en el ámbito diplomático y en política de imagen”. Y concluye: “En vez de aislar a Venezuela como se pretendía, la Administración solo ha logrado aislar a los Estados Unidos en América Latina”.
Estados Unidos aumenta hostilidad. Chávez arremete contra “Míster Danger” (2006)
El imperio acentúa su discordia pública contra Venezuela, aumenta la ayuda financiera y la asesoría a los aliados, y realiza nuevas acciones públicas y secretas para socavar el poder bolivariano. Al comenzar 2006, en febrero, John Negroponte, Director Nacional de Inteligencia, declara: “El Presidente Chávez sigue utilizando su control para reprimir la oposición, reducir la libertad de prensa y restringir la democracia (…), es una amenaza”. Ojo: por segunda vez, un funcionario de Estados Unidos califica a Chávez de amenaza. Y ese mes el secretario de Defensa, Donald Rumsfeld, eleva la agresividad: “Tenemos a Chávez en Venezuela con mucho dinero, procedente del petróleo. Es una persona que ha sido elegida legalmente, al igual que Adolfo Hitler”. ¡Lo compara con Hitler!
En marzo, ruge Bush: “En Venezuela, un demagogo repleto de dinero proveniente del petróleo está socavando la democracia e intentando desestabilizar la región”. En julio, el informe anual sobre el terrorismo del Departamento de Estado reitera la opinión de 2005: “La cooperación de Venezuela en la campaña internacional contra el terrorismo siguió siendo insignificante…No está claro hasta qué punto el gobierno de Venezuela ofreció apoyo material a los terroristas colombianos.”
Ese mes, el subcomité sobre Terrorismo Internacional de la Cámara de Representantes afirma que “Venezuela, bajo el presidente Hugo Chávez, ha tolerado a los terroristas en su suelo…”. Partiendo de tal afirmación –que como las demás, nunca avalan con pruebas– Estados Unidos prohíbe la venta de armamento y equipos militares al país suramericano, sanción que es renovada en los años siguientes.
Así pues, una sola partitura guía todas las voces: dictador; desestabilizador de la democracia en la región; violador de los derechos humanos; coopera con el terrorismo y el narcotráfico… Tales relatos van convirtiéndose, a fuer de repetirse, en lugares comunes en los amplios circuitos de la opinión pública occidental, donde predomina el poderío del imperio.
En 2005, Washington establece bases aéreas en Aruba y Curazao, islas holandesas cercanas a Venezuela. Y ahora, entre marzo y julio realiza cuatro ejercicios bélicos próximos a las costas de Venezuela, con apoyo de la OTAN y con sede en la base de los Estados Unidos en Curazao. También crea un órgano especial de la Dirección Nacional de Inteligencia para atender Venezuela y Cuba. Esta decisión muestra la interrelación de sus planes subversivos contra ambos países y el alto nivel de prioridad para enfrentarlos. Una estrategia que presupone derrotar ambas revoluciones.
¿Cómo reacciona Chávez a esta escalada de amenazas y acciones? Las posiciones del gobierno bolivariano, avaladas por la mayoría del pueblo, son muy firmes. Desmiente todas las acusaciones de Estados Unidos y son puestas en el contexto de los planes agresivos del adversario. Él responde en su estilo fajador a los voceros más importantes, y en especial ridiculiza de un modo acre a Bush. Por ejemplo, en enero, al clausurar el VI Foro Social Mundial, en Caracas, califica a Estados Unidos como “el imperio más perverso, asesino, genocida e inmoral que este planeta ha conocido”. Y afirma que Bush es “el terrorista más grande del mundo”.
Un momento fabuloso del contraataque de Chávez ocurre durante el Aló Presidente que realiza el 19 de marzo en Elorza, ambiente llanero que reflejara Rómulo Gallegos en su célebre novela Doña Bárbara. El barinés, quien de joven militar estuvo destacado en esos parajes, evoca al inescrupuloso personaje estadounidense de tal obra, aliado de la malévola Doña Bárbara, llamado “Míster Dánger”. Y así nombra a Bush. Dice:
“¡Ah, Míster Dánger! Te metiste conmigo, pajarito. (…) Entonces yo te voy a recordar, aquí en las sabanas de Apure, donde los llaneros de aquí de esta tierra hicieron morder el polvo a los imperialistas que aquí vinieron (…) Primero te voy a recordar un verso que es de Cantaclaro: Yo soy como el espinito, Míster Dánger, que en esta sabana florea, le doy aroma al que pasa y espino al que me menea, Míster Dánger”.
Adelanta que le va a recitar una copla que recuerda la Batalla de las Mucuritas –un enfrentamiento militar sucedido el 28 de enero de 1817 entre las fuerzas patriotas al mando de José Antonio Páez y las realistas, que son derrotadas–, pero antes arremete:
“(…) Tú no sabes mucho de historia, tú no sabes mucho de nada. Una gran ignorancia es la que tú tienes (…) Eres un burro Míster Dánger, para decírtelo más bien, para decírtelo en mi mal inglés, en mi bad English, You are a donkey Míster Dánger”. Y precisa que se refiere, “para decirlo con todas sus letras, a míster George W. Bush. You are a donkey míster Bush”. Casi no respira: “Te voy a decir algo Míster Dánger, tú eres un cobarde (…) ¿Por qué no te vas a Iraq a comandar tus Fuerzas Armadas? Es muy fácil comandarlas desde lejos”. Luego lo reta: “Si algún día se te va a ocurrir la locura de invadir Venezuela, te espero en esta sabana (…)” Y sigue la andanada:
“Come here Míster Dánger: cobarde, asesino, genocida. Eres un genocida, eres un alcohólico Míster Dánger. Eres un inmoral Míster Dánger. Eres de lo peor Míster Dánger. ¿Cómo se dice de lo peor en inglés? The last”.
Después de desnudar la oscura alma de Bush, como ningún otro jefe de Estado lo ha hecho, retoma su intención de responderle con un verso, “para ti especialmente, que estás pensando en sacarme de aquí”:
“(…) un día 28 de enero, en la pampa libertaria entre pólvora y relincho, hubo plomo, sangre y llamas. Y al final viene lo que te quiero decir especialmente a ti, cobarde, asesino, genocida, inmoral: Si otros tiranos quisieran esclavizarnos esta Patria sería, toda Venezuela Míster Dánger, un inmenso Vuelvan Caras y al compás de mil centauros, gritaríamos: ¡a la carga!”.
Alude entonces a las declaraciones de Bush, que califican a Chávez de demagogo y que está socavando la democracia: “lo que hace es confirmar lo que venimos diciendo, él es el jefe de la oposición venezolana”. Y vuelve a la carga:
“No le tenemos miedo, sabe Míster Bush, para nada. Vaya a lavarse ese paltó caballero, para no decirle la palabra que debería decirle. (…) ¿Usted cree que nos va a meter miedo a nosotros los venezolanos? Está muy equivocado. El mundo se vuelve contra usted Míster Dánger, el mundo se opone a su guerra imperialista, genocida”.
Nuevas acciones de Chávez frente al imperio. Bush huele a azufre. Revolución se consolida (2006)
Otra respuesta soberana del gobierno bolivariano ocurre el 14 de junio: Chávez anuncia la compra de 24 Sukhoi Su–30 MK2, de fabricación rusa, a fin de sustituir los aviones Caza F–16. La decisión ha sido tomada porque estos ya no tienen repuestos y Bush ha prohibido que se vendan armas estadounidenses al país. Venezuela fortalece el sistema de defensa nacional, debido a las crecientes amenazas de Estados Unidos.
La arremetida del barinés contra Bush llega al clímax el 20 de septiembre de 2006, al expresar en su discurso de la Asamblea General de la ONU una frase impactante que recorre el mundo:
“Ayer estuvo el diablo aquí, en este mismo lugar. ¡Huele a azufre todavía en esta mesa donde me ha tocado hablar! Ayer, señoras, señores, desde esta misma tribuna el señor Presidente de los Estados Unidos, a quien yo llamo “el diablo”, vino aquí hablando como dueño del mundo (…). Como vocero del imperialismo vino a dar sus recetas para tratar de mantener el actual esquema de dominación, de explotación y de saqueo a los pueblos del mundo”.
Inicia así su brioso discurso, que provoca enormes simpatías entre los adversarios de Bush y también críticas entre los sectores pudientes y hasta en políticos de la izquierda light. Sus palabras fluyen entre risas y aplausos de muchos delegados, mientras hace los gestos de santiguarse y de mirar al cielo con las manos unidas. Como las campañas de Estados Unidos contra Venezuela no cesan de acusar al gobierno bolivariano de antidemocrático, encara el tema:
“Ellos quieren imponernos el modelo democrático como lo conciben, la falsa democracia de las élites. Y además un modelo democrático muy original: ¡Impuesto a punta de bombardeos y a punta de invasiones y de cañonazos! ¡Vaya qué democracia!”.
Está consciente de los riesgos y costos que implica criticar al poderoso adversario, y más aún con ese irreverente estilo. Los asume porque el momento es propicio para fortalecer los valores históricos de la Revolución Bolivariana, y hacer avanzar las fuerzas progresistas de la región y a los polos de poder geopolíticos que restan hegemonía al coloso del norte. Con tan medular discurso, Chávez fortalece su liderazgo mundial. Al final, vuelve a proponer refundar las Naciones Unidas.
El 3 de diciembre de 2006, recoge el fruto de los avances de la Revolución Bolivariana: gana las nuevas elecciones presidenciales con el 63,1 % de los votos. En números porcentuales saca 56% en 1998; sube a 59,7% en 2000; obtiene 59,1% en el referendo que lo confirma en 2004; y el 3 de diciembre de 2006 salta a 63,1 puntos: el porcentaje más alto de todos. La revolución ha llegado a un elevado nivel de su desarrollo, que se expresa también en el dominio abrumador de los poderes del Estado: el 80 % de los gobernadores y el 75% de los alcaldes son de la alianza bolivariana, en la Asamblea Nacional todos los diputados forman parte de esta y en los otros tres poderes predominan figuras que defienden la Constitución.
Asimismo, se ha consolidado la alianza cívico–militar, empieza a gestarse un partido unido de la revolución, el pueblo ha avanzado en conciencia y organización, la economía va en ascenso, al igual que las Misiones Sociales y el entorno regional tiende a ser más propicio para la política unitaria y de colaboración que impulsa Chávez. Los gobiernos de Brasil (Lula), Argentina (Kirchner), Bolivia (Evo), Ecuador (Correa), Nicaragua (Daniel), Uruguay (Tabaré) y varios del Caribe, constituyen una fuerza que junto a Venezuela y Cuba no tiene precedente en la región.
Además, se han creado o fortalecido organismos de integración y concertación, como el ALBA, Petrocaribe, Unasur, Caricom y Mercosur, y los movimientos sociales en muchos países se hacen sentir cada vez más en defensa de disímiles intereses de sus pueblos. Todo ello ocurre en una fase de expansión económica, gracias al alza de los productos primarios de exportación de esos países, y a la creciente demanda procedente en especial de China.
Tales realidades, no exentas de errores y puntos débiles, van a marcar las relaciones entre Estados Unidos y Venezuela en los años inmediatos. El imperio refuerza su poderío e instrumentos subversivos y busca sacar provecho de los errores y zonas vulnerables del adversario, entre ellos el acomodamiento y la corrupción de dirigentes de la izquierda al asumir cargos en el Estado y conflictos existentes entre unos y otros países.
En el caso de Venezuela, imagina nuevas formas para debilitar la Revolución Bolivariana, a la espera de circunstancias propicias que le permitan dar otro salto mortal sobre la presa. Chávez está consciente de ello y acentúa sus líneas estratégicas para alcanzar un umbral de no retorno en la transición hacia el socialismo bolivariano, que se empeña en crear apegado a las realidades del siglo XXI.
En el ámbito externo, la Patria de Bolívar se convierte en referente de los países que en el mundo forman un contrapeso al poder imperial. El líder de la boina roja deviene promotor y destacado sostén del llamado progresismo latinoamericano–caribeño y de las fuerzas antiimperialistas y revolucionarias de la región.
Vistos con una mirada integral, los años 2005 y 2006 son de bonanza para la Revolución Bolivariana, y erráticos y negativos para Estados Unidos y sus aliados. Los logros de Venezuela y un entorno geopolítico que le favorece cada vez más, aumentan la avidez del imperio por reconquistar el estratégico país, que acaba de certificar las reservas de petróleo más elevadas del mundo.
¿Cómo se refleja el conflicto binacional en las relaciones económicas y comerciales? A pesar de las agresiones de Estados Unidos y las consistentes reacciones del gobierno bolivariano, los nexos económicos apenas sufren cambios, aunque sí existen algunos elementos nuevos. Pdvsa y otras empresas mixtas continúan vendiendo un promedio de 1,300,000 de barriles diarios a Estados Unidos, que sigue siendo el principal socio comercial de Venezuela.
Veamos: del total de las exportaciones venezolanas en 2005 (55.597 millones de dólares), casi la mitad (25.437 millones) estuvieron destinadas a aquel país (de ellas, 23.591 millones corresponden a petróleo crudo y derivados). Por su parte, Estados Unidos aporta más del 30% de las importaciones venezolanas. Y en 2006 sigue siendo el socio comercial más importante de Venezuela, al representar aquél mercado más de un tercio de sus importaciones y exportaciones, aunque con tendencia a decrecer.
¿Acaso estas realidades contienen el apetito del imperio por la suculenta presa o, al contrario, sigue empeñado en deglutirla íntegramente y acrecienta sus acciones?
Continuará…
