{"id":16603,"date":"2026-02-18T19:27:10","date_gmt":"2026-02-18T19:27:10","guid":{"rendered":"https:\/\/www.hemensalidaporlaizquierda.org\/wordpress\/?p=16603"},"modified":"2026-02-18T19:27:11","modified_gmt":"2026-02-18T19:27:11","slug":"el-manual-oscuro-de-las-redes-sociales","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.hemensalidaporlaizquierda.org\/wordpress\/2026\/02\/18\/el-manual-oscuro-de-las-redes-sociales\/","title":{"rendered":"El manual oscuro de las redes sociales"},"content":{"rendered":"\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Por <a href=\"https:\/\/rebelion.org\/autor\/alejandro-marco-del-pont\/\">Alejandro Marc\u00f3 del Pont<\/a><\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Imagina esta escena. Son las once de la noche, est\u00e1s en el sof\u00e1, el dedo se desliza mec\u00e1nico por la pantalla. Llevas cuarenta minutos viendo v\u00eddeos de recetas que no cocinar\u00e1s, discusiones pol\u00edticas que no votar\u00e1s y la sonrisa impostada de influencers que no conoces. De repente, aparece un post. Algo sobre inmigraci\u00f3n, o sobre f\u00fatbol, o sobre lo que dijo aquel pol\u00edtico. No lo sabes bien, pero algo dentro de ti se contrae. Escribes un comentario afilado, lo env\u00edas, esperas la r\u00e9plica. Cuando levantas la vista, ha pasado otra hora. Te prometes que ma\u00f1ana ser\u00e1 diferente, pero no lo ser\u00e1.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Lo que no ves, detr\u00e1s de esa pantalla, es a un algoritmo frot\u00e1ndose las manos. Tu enojo acaba de generar ingresos para alguien. Puede llamarse Elon Musk, puede llamarse Mark Zuckerberg. No importa. El sistema ha funcionado a la perfecci\u00f3n. No es un error. Es el negocio.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Durante a\u00f1os hemos cre\u00eddo que las redes sociales son una plaza p\u00fablica ruidosa pero neutral, un lugar donde lo mejor y lo peor de la humanidad compiten en igualdad de condiciones. Nos han contado que el odio, la mentira y la polarizaci\u00f3n son efectos secundarios del \u00e9xito, accidentes lamentables en una revoluci\u00f3n tecnol\u00f3gica maravillosa. Esta historia es consoladora, pero es falsa. Como un detective que reconstruye la escena de un crimen corporativo, podemos trazar el recorrido del dinero y descubrir que el odio no se cuela en las redes a pesar del sistema, sino gracias a \u00e9l.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Este art\u00edculo es \u201c<strong><em>Un manual oscuro de las redes sociales\u201d<\/em><\/strong>. No un manual secreto filtrado desde Silicon Valley, sino una hoja de ruta construida a partir de tres investigaciones recientes: el an\u00e1lisis sobre la din\u00e1mica del odio en X (antes Twitter) publicado en la revista&nbsp;Heliyon&nbsp;(<a href=\"https:\/\/www.sciencedirect.com\/science\/article\/pii\/S240584402408277X\">ScienceDirect<\/a>), el reporte de Petter T\u00f6rnberg sobre el modelo de negocio de la desinformaci\u00f3n en&nbsp;<a href=\"https:\/\/theconversation.com\/disinformation-is-part-and-parcel-of-social-medias-business-model-new-research-shows-217842\">The Conversation<\/a>, y el experimento de la revista&nbsp;<a href=\"https:\/\/www.science.org\/doi\/10.1126\/science.adu5584\">Science<\/a>&nbsp;que demostr\u00f3 c\u00f3mo los algoritmos pueden inducir polarizaci\u00f3n pol\u00edtica en apenas diez d\u00edas. Con estas piezas, podemos armar el rompecabezas completo.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Para entenderlo bien, empecemos por lo m\u00e1s simple. Una red social no es una empresa de tecnolog\u00eda. Es una empresa de publicidad que utiliza la tecnolog\u00eda para vender nuestra atenci\u00f3n. Su producto no son las plataformas que usamos gratis, sino nosotros mismos, nuestro tiempo, nuestras emociones, nuestros datos. Los algoritmos no son inteligencias neutrales que nos muestran lo que queremos ver; son <em>sommeliers <\/em>entrenados para servir el plato que nos hace pedir m\u00e1s bebida, aunque nos siente mal. Si el restaurante descubre que lo picante nos mantiene en la mesa, el mozo no nos traer\u00e1 agua, nos traer\u00e1 m\u00e1s picante.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Pero esto no es una met\u00e1fora, es una industria. Y como toda industria, tiene su cadena de valor, sus actores, sus m\u00e1rgenes y sus externalidades. El mercado global de publicidad digital alcanz\u00f3 en 2025 los 690.000 millones de d\u00f3lares. Para poner esa cifra en perspectiva: es m\u00e1s que el Producto Interior Bruto de pa\u00edses como Suiza o Turqu\u00eda. Es, sobre todo, un flujo de dinero que no exist\u00eda hace veinte a\u00f1os y que hoy sostiene a las empresas m\u00e1s valiosas del planeta.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">\u00bfC\u00f3mo se reparte ese pastel? Las plataformas (Meta, Alphabet, ByteDance, X) se quedan con la mayor parte. Meta gan\u00f3 62.300 millones de d\u00f3lares netos en 2024, un 59% m\u00e1s que el a\u00f1o anterior. Alphabet, matriz de Google y YouTube, super\u00f3 los 100.000 millones. Son beneficios que no provienen de vender coches o medicinas, sino de administrar nuestra atenci\u00f3n. Luego vienen los intermediarios tecnol\u00f3gicos, la llamada industria <em>ad tech<\/em>: empresas opacas que operan el software que hace que los anuncios nos persigan por internet. Estas compa\u00f1\u00edas, muchas de ellas desconocidas para el gran p\u00fablico, se embolsan comisiones por cada impresi\u00f3n, por cada clic, por cada dato intercambiado. Y al final de la cadena, los creadores de contenido, los influencers que han aprendido que la provocaci\u00f3n paga mejor que la moderaci\u00f3n, y que un video incendiario puede financiar una casa en Miami.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">El manual que desplegaremos a continuaci\u00f3n tiene tres niveles de profundidad, como las capas de una cebolla tecnol\u00f3gica. Primero, la capa de la vigilancia, c\u00f3mo nuestros datos se convierten en petr\u00f3leo. Segundo, la capa del entrenamiento, c\u00f3mo los algoritmos aprenden a envenenarnos. Tercero, la capa de la monetizaci\u00f3n, c\u00f3mo la ira se transforma en d\u00f3lares, euros o pesos, y qui\u00e9n se los lleva.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">La primera capa es la m\u00e1s silenciosa, quiz\u00e1 por eso la hemos normalizado. Las redes no son gratis. Pagamos con algo m\u00e1s \u00edntimo que el dinero. Pagamos con cada pausa del dedo sobre la pantalla, con cada v\u00eddeo que vemos hasta el final, aunque nos aburra, con cada like que delata una emoci\u00f3n. En 2026, la inteligencia artificial ya no necesita preguntarnos c\u00f3mo nos sentimos; lo infiere de la velocidad con la que escribimos, del brillo de la pantalla a las tres de la madrugada, de si compartimos m\u00e1s gatos o m\u00e1s protestas. Es como si un vecino esp\u00eda pasara veinticuatro horas asomado a nuestra ventana, tomando notas, prediciendo nuestro humor antes de que nosotros mismos lo sepamos.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Argentina tiene una ley de protecci\u00f3n de datos, la 25.326, que en el papel parece fr\u00e1gil. Pero las plataformas operan desde Delaware, Dubl\u00edn o Singapur, y nuestros datos viajan por cables submarinos que ninguna normativa local alcanza a cortar. Cada vez que aceptamos las condiciones sin leer, entregamos un diario \u00edntimo a cambio de entretenimiento. El negocio funciona porque el trueque es invisible: no vemos el dinero salir de nuestro bolsillo, solo vemos videos. Y, sin embargo, ese trueque es la base de todo lo dem\u00e1s.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">La segunda capa es la del entrenamiento. Los algoritmos no nacen sabiendo qu\u00e9 nos enfurece. Asimilan. Lo hacen a trav\u00e9s del aprendizaje autom\u00e1tico, una palabra sofisticada para describir un proceso casi infantil, ensayo y error a escala planetaria. Un algoritmo prueba miles de versiones de un mismo&nbsp;<em>feed<\/em>. Mide cu\u00e1nto tiempo nos quedamos, si comentamos, si volvemos. Descubre, por ejemplo, que el contenido que llama \u201cellos\u201d contra \u201cnosotros\u201d genera un 67% m\u00e1s de interacciones. Descubre que las im\u00e1genes manipuladas provocan m\u00e1s clics que las verificadas. Descubre que la irritaci\u00f3n es adictiva.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Un experimento reciente publicado en&nbsp;<a href=\"https:\/\/www.science.org\/doi\/10.1126\/science.adu5584\">Science<\/a>&nbsp;lo demostr\u00f3 con crudeza. Un equipo de investigadores cre\u00f3 una extensi\u00f3n de navegador que alteraba el orden de los posts en X. Cuando aumentaban artificialmente la presencia de contenido con animosidad partidista, los usuarios se volv\u00edan m\u00e1s polarizados. Cuando reduc\u00edan ese contenido, la polarizaci\u00f3n disminu\u00eda. La conclusi\u00f3n es inc\u00f3moda porque elimina cualquier ambig\u00fcedad, el problema no es lo que los usuarios piden, sino lo que el algoritmo sirve. Si el camarero solo trae platos picantes, el comensal acabar\u00e1 creyendo que eso es lo \u00fanico que hay en la carta.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Documentos internos de Facebook, destapados en 2021 por la denunciante Frances Haugen, revelaban que la compa\u00f1\u00eda sab\u00eda perfectamente que Instagram empeoraba la salud mental de las adolescentes. Tambi\u00e9n sab\u00edan que el algoritmo amplificaba el extremismo. Tambi\u00e9n sab\u00edan que desactivar los mecanismos de propagaci\u00f3n viral reduc\u00eda la desinformaci\u00f3n. Pero cada una de estas soluciones reduc\u00eda el tiempo de pantalla, y el tiempo de pantalla es la materia prima de la publicidad. La decisi\u00f3n empresarial fue siempre la misma, optimizar para el crecimiento, asumir el da\u00f1o colateral. No es conspiraci\u00f3n, es contabilidad.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">La tercera capa es la del dinero. El mercado global de publicidad digital ronda ya los 690.000 millones de d\u00f3lares. El mecanismo es brutalmente simple. M\u00e1s tiempo en la app significa m\u00e1s anuncios vistos, m\u00e1s anuncios vistos significa m\u00e1s dinero. Para que pases m\u00e1s tiempo, el algoritmo necesita mantenerte activo, comentando, compartiendo, enoj\u00e1ndote. El odio es eficiente porque es inmediato. Una mentira escandalosa viaja m\u00e1s r\u00e1pido que una verdad matizada porque no requiere contexto, no pide pausa, no invita a la duda. Solo pide reacci\u00f3n. Y cada reacci\u00f3n es un dato, cada dato es una predicci\u00f3n, cada predicci\u00f3n es un anuncio mejor dirigido.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">El estudio portugu\u00e9s publicado en&nbsp;<a href=\"https:\/\/www.sciencedirect.com\/journal\/heliyon\">Heliyon<\/a>&nbsp;aporta una pieza que completa el cuadro. Los investigadores analizaron miles de conversaciones en X y descubrieron que el discurso de odio no suele nacer dentro de las comunidades, sino que llega desde fuera. Son intrusos que irrumpen en hilos ajenos, lanzan su mensaje agresivo y desaparecen. El patr\u00f3n es claro: el odio se concentra en las primeras dos horas de una conversaci\u00f3n, cuando la visibilidad es m\u00e1xima y el impacto puede ser explosivo. No es espont\u00e1neo, es t\u00e1ctico. Es contenido dise\u00f1ado para secuestrar la atenci\u00f3n en su momento m\u00e1s vulnerable.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Este hallazgo destruye la narrativa de que las redes solo reflejan la maldad humana preexistente. Lo que hacen es amplificarla selectivamente, premiarla con visibilidad, incentivarla con ingresos. Los creadores de contenido lo saben. Publicar algo moderado, veraz y matizado es la v\u00eda r\u00e1pida al anonimato. Publicar algo incendiario, simplista y maniqueo es la v\u00eda r\u00e1pida a la viralidad. El mercado ha establecido sus precios y la honestidad no cotiza en bolsa.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Hubo un momento, en 2020, en que pareci\u00f3 que algo podr\u00eda cambiar. Bajo el lema \u201c<a href=\"https:\/\/www.grassrootscalifornia.com\/es\/blogs\/grassroots-hq\/3-reasons-you-were-boycotting-facebook-instagram-this-month?srsltid=AfmBOopkZ-T_OPjSwmrLspn2N3dfBA2xD9fntah4Zr9Yo4gaxK6FwAWF\">Detener el odio por lucro<\/a>\u201d, m\u00e1s de mil marcas se unieron a un boicot publicitario contra Facebook. Grupos de derechos civiles se\u00f1alaban directamente la complicidad de la plataforma con el racismo y la desinformaci\u00f3n. Marcas globales como Coca-Cola, Starbucks y Unilever retiraron millones en publicidad. Mark Zuckerberg anunci\u00f3 cambios: etiquetas en posts problem\u00e1ticos, eliminaci\u00f3n de contenido supremacista, ajustes en los sistemas de recomendaci\u00f3n.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">El impacto financiero fue imperceptible. Facebook sigui\u00f3 ganando fortunas. El boicot se diluy\u00f3. Las marcas volvieron. El sistema demostr\u00f3 su resiliencia. No necesita que todos los anunciantes est\u00e9n a bordo, solo los suficientes. Y siempre hay suficientes. Mientras la indignaci\u00f3n colectiva dure un ciclo de noticias y el miedo a perder ventas dure para siempre, el c\u00e1lculo empresarial seguir\u00e1 siendo el mismo.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Lo m\u00e1s inquietante de este manual no es la denuncia, sino la naturalidad con la que lo hemos asumido. Nos indignamos, compartimos, debatimos, nos agotamos. Y al d\u00eda siguiente repetimos. Las redes han perfeccionado la ingenier\u00eda de la adicci\u00f3n emocional. Saben que el miedo vende m\u00e1s que la esperanza, que la furia retiene m\u00e1s que la calma, que la simplicidad rinde m\u00e1s que la complejidad. Han construido imperios sobre la explotaci\u00f3n de nuestros peores instintos, y lo han hecho con nuestro consentimiento expresado en clics.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Pero quiz\u00e1 lo m\u00e1s peligroso que han hecho las redes no sea polarizarnos o mentirnos. Es hacernos creer que este es el \u00fanico mundo posible. Que la publicidad comportamental es el \u00fanico modo de financiar la comunicaci\u00f3n digital. Que el algoritmo debe optimizar para generar<em> like, <\/em>porque no hay otra m\u00e9trica disponible. Que la moderaci\u00f3n de contenidos es un problema t\u00e9cnico, no una decisi\u00f3n pol\u00edtica. Nos han convencido de que no hay alternativa, y esa convicci\u00f3n es la zanja m\u00e1s profunda que han cavado.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">El manual que hemos desplegado no es un ataque a la tecnolog\u00eda, ni una nostalgia por un pasado anal\u00f3gico idealizado. Es una invitaci\u00f3n a usar estas herramientas con los ojos abiertos. La pr\u00f3xima vez que sientas esa oleada de enojo mientras el dedo se desliza, haz una pausa. Preg\u00fantate: \u00bfesto me est\u00e1 informando o me est\u00e1 utilizando? \u00bfEste <em>post <\/em>existe para comunicarme algo o para provocarme una reacci\u00f3n? \u00bfQui\u00e9n gana cuando yo pierdo los estribos?<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Porque mientras usted se enoja, alguien en California est\u00e1 contando la plata. Y mientras nosotros discutimos si el problema es la izquierda o la derecha, los algoritmos siguen aprendiendo. Y mientras los gobiernos debaten comisiones y los peri\u00f3dicos publican an\u00e1lisis y los acad\u00e9micos escriben&nbsp;<em>papers<\/em>, las acciones de Meta suben otro punto porcentual.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">El odio no es un error del sistema. Es el sistema funcionando a pleno rendimiento. La pregunta no es si las redes pueden cambiar. La pregunta es si nosotros podemos exigirlo antes de que el costo de no hacerlo sea irreversible. La pr\u00f3xima vez que abras la aplicaci\u00f3n, recuerda. No eres el cliente. Eres el producto. Y el producto m\u00e1s rentable es aquel que no sabe que lo est\u00e1n vendiendo.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Fuente: <a href=\"https:\/\/eltabanoeconomista.wordpress.com\/2026\/02\/15\/el-manual-oscuro-de-las-redes-sociales\/\">https:\/\/eltabanoeconomista.wordpress.com\/2026\/02\/15\/el-manual-oscuro-de-las-redes-sociales\/<\/a><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>La desinformaci\u00f3n y el odio son \u00abparte integral\u00bb del modelo de negocio de las redes sociales (El T\u00e1bano Economista)<\/p>\n","protected":false},"author":1,"featured_media":16604,"comment_status":"open","ping_status":"open","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"footnotes":""},"categories":[5],"tags":[],"class_list":["post-16603","post","type-post","status-publish","format-standard","has-post-thumbnail","hentry","category-debate"],"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/www.hemensalidaporlaizquierda.org\/wordpress\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/16603","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/www.hemensalidaporlaizquierda.org\/wordpress\/wp-json\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/www.hemensalidaporlaizquierda.org\/wordpress\/wp-json\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.hemensalidaporlaizquierda.org\/wordpress\/wp-json\/wp\/v2\/users\/1"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.hemensalidaporlaizquierda.org\/wordpress\/wp-json\/wp\/v2\/comments?post=16603"}],"version-history":[{"count":1,"href":"https:\/\/www.hemensalidaporlaizquierda.org\/wordpress\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/16603\/revisions"}],"predecessor-version":[{"id":16605,"href":"https:\/\/www.hemensalidaporlaizquierda.org\/wordpress\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/16603\/revisions\/16605"}],"wp:featuredmedia":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.hemensalidaporlaizquierda.org\/wordpress\/wp-json\/wp\/v2\/media\/16604"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/www.hemensalidaporlaizquierda.org\/wordpress\/wp-json\/wp\/v2\/media?parent=16603"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.hemensalidaporlaizquierda.org\/wordpress\/wp-json\/wp\/v2\/categories?post=16603"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.hemensalidaporlaizquierda.org\/wordpress\/wp-json\/wp\/v2\/tags?post=16603"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}